Portugaleten eraila, 1975eko urtarrilaren 20an

2016-02-19


Mirar al futuro

En la conferencia sobre paz y convivencia celebrada en Sestao el día 1 de febrero de 2016, Jonan Fernández, secretario general para la paz y la convivencia del Gobierno Vasco, insistió en la necesidad de mirar al futuro como elemento fundamental para la reconciliación de la dividida sociedad vasca. Subrayó que no podíamos quedarnos anclados en el pasado intentando resolver quién ha sido el culpable principal que inició la ola de violencia que nos ha asolado durante tantos años. Insistía en que nadie iba a asumir el papel de culpable y en que era un problema sin solución.

Ante la pregunta de qué nos proponía a los que llevamos más de 40 años exigiendo justicia en el desierto judicial  español y europeo, nos recomendó que mirásemos al futuro.

Nosotros, hermanos de Víctor Manuel Pérez Elexpe, asesinado en Portugalete el 20 de enero de 1975 por el cabo de la Guardia Civil Narciso San Juan, llevamos más de 40 años viviendo un presente condicionado por el pasado. Más de 40 años exigiendo justicia, pensando en nuestro hermano y en el futuro, en un futuro mejor con el que él soñaba y por lo cual fue asesinado. Y no queremos olvidar aquellos hechos dolorosos del pasado, pues sería como olvidar a Bittor, como borrarle de nuestras vidas. Queremos superar el trauma que supuso aquel acto de barbarie, que todavía hoy continúa sin reparar, y  mirar con libertad al futuro. No somos los únicos. Hay miles de personas y de familiares que sufrieron heridas físicas o psicológicas o fueron asesinadas durante el Franquismo, miles de víctimas del terrorismo de Estado, miles de víctimas de crímenes de lesa humanidad. Víctimas que todavía hoy continúan sin ser reconocidas.

Con su discurso de no equiparación y de no compensación de violencias, por cierto, ampliamente difundido entre las asociaciones de Víctimas del Terrorismo (la única violencia terrorista fue la de ETA), lo que está haciendo Jonan Fernández es sugerirnos de forma implícita que las víctimas del Franquismo son víctimas de segunda categoría, sin derecho a una reparación integral. ¿Y por qué decimos eso? Porque cuando se incide hasta la saciedad en la no equiparación, se está negando a las víctimas del Franquismo la condición de víctimas del terrorismo, del Terrorismo de Estado, asesinadas por defender unos valores democráticos y unos derechos humanos que el terror franquista conculcó a la sociedad vasca y española a partir del año 1936. Se les concede, como mucho, la condición de victimas de grupos parapoliciales  o  paraestatales, eximiendo así al Estado terrorista de la responsabilidad que le corresponde. Por lo tanto, se les niegan el mismo nivel de reconocimiento, de reparación, de justicia y de verdad que gozan las víctimas de ETA. Y en eso no podemos estar de acuerdo. Es más, una y otra vez nos recuerdan que el reconocimiento de las víctimas del Franquismo no debe suponer la justificación de la violencia de ETA. ¿Quién pretende tal cosa?  ¿Acaso aquellos que claman por los derechos de las víctimas de ETA están justificando el Terrorismo de Estado? ¿Alguien ha advertido a las Víctimas del Terrorismo  que el reconocimiento de las víctimas de ETA no puede servir de justificación del Terrorismo de Estado? No, claro que no.

Jonan conoce tanto el Real Decreto 671/2013, de 6 de septiembre, por el que se aprueba el Reglamento de la Ley 29/2011, de 22 de septiembre, de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas del Terrorismo como el Decreto 107/2012, de 12 de junio, de Declaración y Reparación de las Víctimas de sufrimientos injustos como consecuencia de la vulneración de sus derechos humanos, producida entre los años 1960 y 1978 en el contexto de la violencia de motivación política vivida en la Comunidad Autónoma del País Vasco. En contra de lo que se podría esperar con una mentalidad mínimamente democrática, la ley de Víctimas del Terrorismo no incluye a las víctimas del Terrorismo de Estado. El decreto vasco si hace mención a las víctimas del Franquismo del período 1960-1978, cuando se refiere a la Ley de Memoria Histórica. Pero falta el reconocimiento institucional de que el periodo franquista fue un periodo en el que se cometieron miles de crímenes de lesa humanidad que permanecen impunes y de que los asesinatos de personas como nuestro hermano, de miles  de luchadores por la libertad, fueron actos de Terrorismo de Estado, actos de un Estado terrorista, totalitario y excluyente, que utilizó sistemáticamente la violencia para imponer sus ideas. Es un decreto que carece de las herramientas adecuadas para amparar a las víctimas del Franquismo en tanto en cuanto no ha arbitrado medidas para que la verdad social y la memoria social coincidan con la verdad jurídica y con la memoria jurídica.

Las víctimas del Franquismo, que deberían ser una referencia ética para la sociedad y para el sistema democrático, han sido abandonadas por las instituciones públicas, debido a la falta de empatía efectiva de estas para con el sufrimiento de algunas víctimas, a la falta de medidas para preservar su dignidad y a su falta de asunción de responsabilidades, que es lo que no nos permite superar el trauma pasado que condiciona nuestro presente. Es lo que no nos permite caminar hacia al futuro sin la pesada mochila que supone el saber que a nuestro hermano se le empuja hacia el olvido. Como un apestado cuya memoria haya que borrar. Y no estamos dispuestos.

El tiempo pasa y cada vez tenemos menos futuro que recorrer. Esperamos que el próximo decreto del Gobierno Vasco contemple a las víctimas del Franquismo como lo que son: víctimas del Terrorismo de Estado con derecho al reconocimiento social y a la reparación integral y a figurar en la Verdad y Memoria Jurídicas.

Por el futuro, DAMNATIO MEMORIAE, NO.


Mariefi, Fermín y Mª José. Hermanos de Víctor Manuel.

2016-02-02






La justicia, el tiempo, la memoria

El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país.
Arthur Miller (1915-2005), dramaturgo estadounidense.

Después de haber recurrido a la Justicia Española y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), el día 17 de junio de 2014 solicitamos a la Justicia Argentina la imputación del guardia civil Narciso San Juan del Rey, -que asesinó a nuestro hermano-, y la toma de declaraciones testimoniales de los testigos presenciales del hecho que solicitamos en la querella. Todo ello dentro de la querella contra los responsables de los crímenes de lesa humanidad y de genocidio cometidos durante la Guerra Civil y el Franquismo.

Un paso más, a pesar del desprecio de los herederos ideológicos del Franquismo, de la indiferencia de los partidos con responsabilidades de gobierno y de las dificultades y de las trabas por parte de los tribunales españoles. Un paso más intentando superar una ofensa sin olvidarla, intentando respetar la memoria de Víctor Manuel, Bittor, que ni podemos ni queremos olvidar.

Hablamos de la memoria, que se va diluyendo en el tiempo. Tiempo que fluye y pasa no solamente para los muertos, -para nuestros padres y nuestro hermano Ignacio-, sino también para los vivos, -hermanos, familiares y compañeros-, que esperamos que la justicia nos abra la puerta que nos permita recordar y honrar en paz a  los ausentes.

La Justicia Española y el TEDH, sabedores de nuestro sufrimiento y de que el tiempo pasa y que todo lo destruye, continúan con los ojos vendados. Ojos que no ven, corazón que no siente. Justicia conocedora de nuestras demandas; justicia sorda  que espera a que algún día desaparezcamos y que dejemos de evocar la memoria de nuestros seres queridos. Justicia convertida en injusticia.

Más de una vez nos han dicho que no era el momento, porque la situación política no era la más adecuada, o porque el delito ya había prescrito. Actualmente, indiferente, la justicia nos deniega el acceso, espera  a que pase el tiempo hasta que el tiempo se encargue de enterrarnos. El tiempo se llevó a nuestros padres y a otro hermano, a Ignacio.

“Que el pasado no condicione tu vida presente”, “Remover el pasado solamente provoca sufrimiento”, nos dicen. Pero, ¿de verdad les importa a la clase política y a la justicia españolas el asesinato de Víctor y nuestro sufrimiento?  No, y eso es terrible. Quieren que olvidemos a nuestro hermano, quieren que Bittor desaparezca de la memoria social, como si su ausencia perteneciese a un pasado que hay que borrar.
Pero es una ausencia muy actual, que está muy presente en nuestras vidas. Se trata de una ausencia aún más dolorosa, porque no fue provocada por un hecho natural, sino por algo que no debería de haber sucedido y cuya falta de reparación nos hace difícil vivir en el presente. Por ello murió Ignacio, porque no pudo soportar ni la pérdida de su hermano mayor, ni que se hiciese a Víctor responsable de su propia muerte, ni el desamparo de la justicia.

La Justicia Española espera que dejemos de reclamar por un hecho que la familia consideramos injusto. Un hecho injusto reprobable ética y moralmente, también en la cada vez más difuminada memoria social, que debe ser declarado injusto en la memoria jurídica. Muchas veces hemos dicho que, aun sabiendo como sucedió el asesinato de nuestro hermano y que la verdad es conocida socialmente, es necesario que esa verdad  y memoria sociales coincidan con la verdad y la memoria jurídicas.

Porque aunque el reconocimiento social es importante (gracias a los familiares, amigos, compañeros militantes de Víctor, gracias a los testigos presenciales del asesinato por su testimonio, a la asociación memoralística de Sestao “Gogoan Sestao Elkartea”y a tantos y tantos otros), es necesario el reconocimiento jurídico. Y para ello, nosotros, que hemos elegido el camino de la justicia, exigimos a la misma que no niegue la realidad de lo sucedido y que se pronuncie, que reconozca y declare que aquel hecho debería haber sido evitado, que nos ayude en relación con nuestros recuerdos, que nos ayude a mantener viva la memoria de nuestro hermano y compañero, que no le empuje hacia el olvido. Ni nuestro hermano, ni los familiares, ni los amigos, ni la sociedad somos merecedores de que se trate a Victor como culpable, responsable de su muerte, y de que se le condene al olvido.  Si así fuese, consideraríamos a la Justicia Española cómplice de las atrocidades cometidas por aquel Régimen, de unos hechos no tolerados socialmente, y en negadora de una memoria que configura nuestras vidas.

Pedimos a la justicia que determine que aquel hecho no debería haber sucedido. Porque si la memoria jurídica no reconoce aquel hecho como algo injusto, seguirá contaminando nuestro presente y seguirá resultandonos insoportable vivir en él
.
La memoria jurídica tiene que acoger la verdad sobre aquel suceso, en el que un inocente murió de muerte violenta, víctima de un Régimen en el que se cometieron miles de delitos de lesa humanidad, que continúan sin reparación. La memoria jurídica tiene que hacerse cargo de que un acontecimiento que no debería haber sucedido nunca, truncó un proyecto de vida y condicionó negativamente los nuestros.
Pero no es suficiente. La justicia ha de dar un nombre al asesino y a la víctima y ha de condenar los hechos. Queremos que la justicia no manipule la historia, que tenga en cuenta el pasado, que desborde los límites temporales y espaciales, y que reconozca la imprescriptibilidad de los crímenes de lesa humanidad y la jurisdicción de la Justicia Universal y de los tribunales internacionales.

Cada vez que hemos solicitado un pronunciamiento sobre aquel suceso, la justicia nos responde que aquel posible asesinato ya ha prescrito y que, en todo caso, no se trata de un crimen de lesa humanidad. Cada vez que solicitamos amparo, la justicia nos lo deniega, lo que supone un nuevo asesinato de nuestro hermano. “Olvidaos”, “No es el momento”, “Ya no hay tiempo”, nos dice una y otra vez. Ya han transcurrido más de 40 años desde el 20 de enero de 1975 y nunca ha habido un momento propicio para hacer justicia.

No queremos olvidar, porque el olvido supondría una nueva condena a muerte de nuestro hermano. Víctor murió, pero sigue vivo en nuestra memoria. Y queremos que, aunque no esté presente físicamente, también viva en la memoria social y en la memoria jurídica. Ello nos ayudará a superar la ofensa.
Nuestro hermano Ignacio no la superó porque no pudo concebir un presente sin Víctor. Para nosotros, tampoco es igual el presente sin ellos.

Hemos buscado justicia en el estado español y en Europa, pero solo hemos recibido desprecio, humillación e indiferencia. La imputación de Narciso San Juan por la Justicia Argentina y la condena de un Régimen y de unos hechos que nunca debieron haber ocurrido ayudarían a rehabilitar la memoria de nuestro hermano. Pero el tiempo pasa.

Damnatio memoriae, no.


Mariefi, Fermín y María José, hermanos de Víctor Manuel Pérez Elexpe